POLÍTICA
Cómo llegan los candidatos presidenciales
8 de agosto de 2015

Habiendo cerrando las campañas electorales, es posible proponer un análisis sobre cómo llega cada candidato a las PASO, que son algo más que una mera selección de candidatos de los distintos espacios políticos.

Empecemos por el que todas las encuestas dan como favorito a obtener la mayor cantidad de votos. Nos referimos al actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y único candidato presidencial del FpV, Daniel Osvaldo Scioli.

El candidato del oficialismo llega fortalecido por dos situaciones diferentes pero conectadas: la consolidación de su candidatura tras “el baño de humildad” de varias figuras del oficialismo que se habían postulado, y fundamentalmente tras la declinación del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, cuando entendió, tras la postulación de Carlos Zannini como compañero de fórmula de Scioli, que la Casa Rosada había, finalmente, optado por uno de los candidatos. Scioli hace meses que está enfocado y no pierde un gramo de energía en una disputa interna. En eso le saca ventajas a todos sus competidores.

La otra dimensión de su fortaleza es la centralidad de la figura de Cristina Fernández de Kirchner, su liderazgo indiscutido en el espacio del FpV y los niveles de aceptación popular que la presidenta detenta tras ocho años de gestión en el Ejecutivo o doce, si se cuenta la primera presidencia del ciclo kirchnerista encabezada por Néstor Kirchner. Esta imagen, absolutamente inusual en la política argentina reciente, que ronda el 50% en los cálculos menos optimistas, es un baño de fuerza para el candidato oficialista que, además, tiene la inestimable virtud de conseguir votos por afuera, incluso, de ese amplio universo social que apoya la gestión de gobierno del oficialismo. Con este panorama, las posibilidades de Scioli aparecen como inmejorables.

Su gran oponente es Mauricio Macri, el líder del PRO y uno de los candidatos de la la alianza con la UCR Cambiemos. El actual jefe de gobierno porteño tiene entre sus ventajas haber construido una hegemonía fuerte en la ciudad de Buenos Aires, donde su partido es gobierno desde hace ocho años y lo va a ser por lo menos durante cuatro años más. Buenos Aires es una ciudad superavitaria y con una gestión de alto impacto nacional, y Macri ha sabido aprovechar eso para construir una imagen que se proyecte al resto del país. Convertido en paladín de la oposición, su crecimiento en los últimos meses estuvo acompañado por la capacidad del PRO de instalarse como uno de los lados de la polarización con el gobierno, sobre todo después de que el radicalismo consagre en su congreso partidario la alianza con el macrismo.

Si las potencialidades son evidentes, más lo son sus debilidades. La primera es que el crecimiento de la opción por la oposición franca y total a un gobierno que, como ya dijimos, cuanta con niveles muy altos de aprobación popular, tiene un techo; y el macrismo lo ha sentido ya que hace un tiempo que su performance en las encuestas está amesetada. En ese sentido, los últimos giros retóricos y discursivos del propio Macri, fundamentalmente tras el ajustado triunfo en el balotaje porteño de su delfín Horacio Rodríguez Larreta, cantando loas a políticas del gobierno que antes denostaba, no han conseguido atraer nuevos electores y, por el contrario, han generado confusión entre sus votantes y  al interior de su propio espacio. Macri no es el único candidato del espacio Cambiemos sino que deberá ganar la PASO frente al radical Ernesto Sanz y la dirigente de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Esto suma un problema más porque no está claro que los votos que estos dos candidatos obtengan en la PASO sigan votando a Cambiemos en la primera vuelta. Mucho de ese voto radical histórico podría fugar, eventualmente, a otras expresiones del radicalismo como Progresistas, que encabeza Margarita Stolbizer, y terminar definiendo la primera vuelta a favor del candidato kirchnerista.

El tercero en la disputa, aunque lejos y muy debilitado respecto a lo que representaba hace tan solo una años, es Sergio Massa. Fuera de la polarización, sin capacidad para intervenir en el electorado con un discurso que sea seductor para sus antiguos votantes, la última gran noticia para el Frente Renovador es que dejó de caer en las encuestas y se estabilizó en una cifra cercana al 15%. También para el FR el desafío es conservar su caudal de votos tras la PASO. Massa no está solo en la interna sino que compite con José Manuel de la Sota, el gobernador de Córdoba que, aunque es candidato a perder con el tigrense, obtendrá un nada despreciable caudal de votos sobre todo de la provincia que gobierna hace años. No es seguro que esos votos sigan a Massa tras las PASO. Los gestos del jefe de Gabinete bonaerense Alberto Pérez al gobernador electo del delasotismo, Juan Schiaretti, en las últimas semanas, parecen anticipar hacia dónde pueden ir esos votos del peronismo cordobés.

Por eso, el gran fantasma del massismo es no poder retener en la primera vuelta los votos de la primaria y que sus electores fuguen hacia una opción de oposición más competitiva o hacia el oficialismo en la versión Scioli.

Ya mucho más lejos está el espacio de Margarita Stolbizer del que algo dijimos. Su hipótesis es crecer en la primera vuelta absorbiendo la fuga de votos radicales cuando gane Macri la interna de Cambiemos y sostener los buenos votos que aportará el socialismo santafesino más la histórica buena performance electoral de Margarita en el interior bonaerense.

Finalmente, el Frente de Izquierda parece haber atravesado el “milagro para Altamira” y se ha instalado cómodamente como la opción de izquierda en condiciones de pasar sin sobresalto el corte de las PASO.

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