NACIONALES
Los Cabrales
3 de julio de 2015

Un apellido ilustre, cercano a los sentimientos más profundos de nuestra patria querida, está siendo utilizado para sembrar sospechas respecto de los procedimientos de nuestras instituciones.

Juan Bautista Cabral fue un hombre de origen humilde que se hizo conocido siendo soldado, por ser quien salvó la vida del entonces coronel José de San Martín durante el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813.

Como buen mártir, el acto con el que Cabral quedó en los libros de historia con tan solo 24 años de edad fue paradójicamente el último de su corta vida. Después de socorrer a San Martín, quien se encontraba inmóvil debajo de su caballo tras haber caído en plena batalla y quedar a merced del ejército realista, el soldado recibió dos heridas que le dieron muerte unas horas después en el convento de San Lorenzo, donde las tropas del Libertador habían improvisado un hospital de campaña.

El juez Luis María Cabral se recibió de abogado en la Universidad Católica Argentina (UCA) y forma parte de lo que comunmente se conoce como "familia judicial": su padre, Luis Carlos Cabral, integró la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 1966 y 1973.

Desde 1993 es miembro del Tribunal Oral Criminal número 9 de la Capital Federal, que se ocupa de juzgar homicidios, lesiones y robos, entre otros delitos comunes que no forman parte de los llamados "federales". Aún así, en 2011, la Cámara de Casación Penal, el tribunal más importante del país luego de la Corte Suprema, lo convocó para ocupar un cargo vacante (lo que ne la jerga se llama "subrogar"), sin que se realizara el sorteo correspondiente entre todos los candidatos posibles, es decir, a dedo.

Independientemente de la irregularidad del proceso, lo más escandaloso es que Cabral no es un juez más, sino que se trata del presidente de la corporación que agrupa y defiende los privilegios  de los todos los jueces del país, la Asociación de Magistrados de la República Argentina, una organización cuestionada hasta en el propio seno del Poder Judicial.

Así las cosas, la semana pasada el Consejo de la Magistratura decidió poner fin a este bochorno institucional y desplazó a Cabral del lugar que subrogaba en Casación, devolviéndolo al juzgado en donde es titular desde hace casi un cuarto de siglo.

No hubo destitución ni nada que se le parezca, sino apego a las leyes y los procedimientos correspondientes.

Sin embargo, en los últimos días asistimos a una campaña que intenta poner al juez en el lugar del soldado heroico. La diferencia, claro está, es que ambos milicianos defendían intereses muy opuestos: mientras que uno murió defendiendo la libertad y la justicia, el otro sigue vivito y coleando mientras disfruta de los mismos privilegios que contaba hasta hace algunos días. Y sin entrar en los libros de historia.

 

Comentarios