NACIONALES
Decime ¿Cuál, cuál, cuál es tu nombre?
14 de junio de 2015

“Un buen nombre es lo más valioso que uno puede tener”, decía el locutor de una vieja publicidad bancaria. Con los bancos nunca se sabe, un día pueden estar y otro, quién sabe. Pero con las personas, lo de los nombres es otro asunto, duran para siempre. 

Hace algunos años, y en ocasión de un viaje periodístico, conocí el nombre más extravagante de una persona. El hombre, un paraguayo remisero de unos cincuenta años, no tenía ningún inconveniente en contar su historia. Se llamaba Asdelavir Riveras. Intrigado por el origen de su nombre, y porque en el viaje desde Encarnación –Posadas, Argentina- hasta la ciudad de Asunción, en Paraguay, había un buen trecho, me enteré de su cuento.

La madre del hombre, que supo tener once hijos, bautizaba a sus vástagos con el santoral que figuraba al pie de los viejos almanaques de papel. Una de sus hermanas se llama Margarita porque había nacido un 20 de julio. Él nació un 8 de diciembre y su madre volvió a mirar el calendario que decía: “As.de.la vir” y así llamó. Lo que la humilde señora no sabía, era lo que significaba en verdad esa suerte de sigla. Ese día se conmemora la asunción de la Virgen María. 

El mundo hispano está lleno de nombres estúpidos que algunos padres eligen para condenar a sus hijos. En la Argentina, el tema está legislado y se actualiza mensualmente gracias al ingenio de los descarados. La ley es la 18.248/69, (Válida para la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires). 

En su artículo tercero dice: “El derecho de elegir el nombre de pila se ejercerá libremente, con la salvedad de que no podrán inscribirse: 1) Los nombres que sean extravagantes, ridículos, contrarios a nuestras costumbres, que expresen o signifiquen tendencias políticas o ideológicas, o que susciten equívocos respecto del sexo de la persona a quien se impone. 2) Los nombres extranjeros, salvo los castellanizados por el uso o cuando se tratare de los nombres de los padres del inscripto, si fuesen de fácil pronunciación y no tuvieran traducción en el idioma nacional”. 

Pues bien, el listado que ofrece el Registro Civil porteño permite encontrar nombres que mueven a risa y para colmo, en algunos casos hasta tienen doble sentido. A confesión de parte, relevo de prueba dicen los abogados. Ordenados alfabéticamente, los invito a que realicen el siguiente ejercicio; Imaginen que un hijo de ustedes llega al mundo y no saben que nombre ponerle. Aquí van los peores, los más estúpidos y hasta lo más ridículos. Para que el experimento sea completo, agreguen al nombre, el apellido de ustedes. Encontrarán tanta sorpresa como el nombre de aquel paraguayo. 

La lista es la siguiente: 

Abibo y Abibon (hermanos con escaso futuro circense), Abundancio (de padres millonarios) Acucio (un chico en problemas), Afrodisio (futuro seductor) Agapito (hijo de referí o de policía), Agapita (la hermana), Agatopodes (sobrevivir), Alfeo (chico con complejo), Ampliado (futuro diseñador), Arbogasto (de familia ecológica), Angulo (hermano de Pascual), Asclepiodoto (padre antropólogo), Audaz (recién nacido, se vistió solo). 

Bienvenido (¡Hace 9 meses que te estábamos esperando!), Boleslao (nabo de origen vasco), Canuto (padre ex adicto), Castor (animalito con forma humana), Cómodo (vago en crecimiento), Cucufate (impondrá su nombre como hit bailantero) Cupido (un amor, el pibe), Delfín (los padres eran fanáticos de Flipper, Drogón (primo hermano de Canuto), Escubiculo (culo por culo por culo), Focas (¿Qué se puede agregar?), Frontón (madre tenista), Gil (lo que sintió el padre), Grato (¿y sí es antipático?). 

Patrocinio (su apellido es marca), Peleo (boxeador hasta la muerte), Petronax (de familia acaudalada y petrolera), Pinito (hermano de Arbogasto), Podio (niño olímpico), 

Potito (jugaba con Pinito), Proceso (un feo nombre argentino), Quadragésimo (intento hasta que quedó embarazada), Océano (los padres tuvieron un mar de dudas para elegir el nombre), Oyendo (futuro locutor), Sandalio (sus padres querían una chancleta, no pudo ser), Secundulo (hermano de Pascual y Angulo), Senador (apenas nació le pidió un veinte a la madre), Set (hermano de Frontón), Suceso (un chico que no fue noticia), Verulo (hermano de Pascual, Angulo y Secundulo), Vigor (lo que tuvo el padre para que el crío venga al mundo) y Voto (cada dos años). 

Hay de todo en la viña del señor. Y en la Argentina también pueden encontrarse juegos graciosos con algunos apellidos. Según el libro Los argentinos por la boca mueren 2 de Carlos Ulanovsky, “el dueño de una agencia de animales, se llama Walter Domado. El famoso travesti español Bibi Andersen se llama en realidad, Manuel Fernández Chica y un joven bailarín clásico argentino se llama Mariano Patín. En el peor momento de las piñas y amenazas en el Mercado Central, en 1993, el presidente del directorio se llamaba Juan Carlos Castagnaso". 

"Una candidata justicialista de la localidad de Ensenada se llamaba Alicia Falo. El ex responsable del área de violencia familiar era el doctor Garrote, en tanto un que un comisario apellidado Derecho sorprendió in fraganti a un funcionario cobrando una coima. Para esa misma época, la sección búsqueda de personas del diario Clarín lanzaba la solicitud de paradero de Juan Carlos Fuga. El ministro de Defensa del Uruguay es el doctor Batalla, un médico especializado en el tratamiento de las enfermedades venéreas y la pequeñez del miembro viril, se llama Cortondo". 

"Acaso el más inefable caso sea el de la identidad del conflictivo ex jefe de la barra brava de Boca conocido por su apodo el abuelo pero que al nacer fue bautizado como José Barrita”, escribió el periodista en el capítulo ¡Qué me contursi con los apellidos!. 

Si un buen nombre es lo más valioso que se puede tener, como decía la publicidad, a veces un mal nombre es una condena perpetua al ridículo del que se sabe, no se vuelve. Aunque en la Argentina, todo es posible. 

Aunque usted no lo crea. 

 

Fuente: http://www.calle22.com/articulos/2028/

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