El Puchero
Judío de Mierda
30 de diciembre de 2018
Cuando un judío muere, la oración que decimos para honrarlo, el kadish, no menciona a la muerte ni a la persona fallecida. Es un poema sobre la grandeza de Dios. Quien haya presenciado alguna vez el recitado de esta oración puede dar testimonio de su fuerza y poder de unión.

El ser judío o judía en la Argentina nunca ha sido fácil. La vida de Héctor Timerman es testimonio de eso. Recuerdo en los últimos años la facilidad con la se le expedía un “judío de mierda” cada vez que se hacía mención a su persona y a alguna de las acciones de gobierno que ejerció durante su cumplimiento de la función pública. Cumplimiento con creces, vale decir.

Me ha tocado defenderlo (¿Por qué, por qué tendría yo que defenderlo?), en la mesa familiar, porque peor que el antisemitismo, es la ignorancia.

Lo defendí de insultos porque “firmó con Irán”, porque “odia a Israel”, porque “está con los terroristas”, porque “es un mal judío”. Y qué difícil se hacía tratar que me escucharan. Pero vayamos por partes.

El memorándum de entendimiento con Irán, algo que nadie leyó, nadie sabe bien qué es, ni para qué servía, alcanzó para justificar toda la maldad que aparentemente hizo este judío de mierda. Ante el planteo del “pacto con Irán” yo solía, o suelo, salir con la misma pregunta:

¿Fuiste a muchas marchas pidiendo por justicia por el atentando a la AMIA? La respuesta nunca nos sorprenderá.

Andá a saber qué piensan que dice ese nunca-llevado-a-cabo-y-mucho-menos-pacto con los iraníes. ¿AMIA? ¿Qué tiene que ver AMIA?

No mezcles a ese judío traidor con algo tan doloroso para todos, Salomé.

El kadish de duelo, dicen quienes tienen más saberes sobre el judaísmo, cumple una doble función en la persona que lo está atravesando: por un lado, la de curar, de manera prácticamente imperceptible, las heridas psicológicas de la pérdida, mediante la armonización del espíritu interior de quien está en duelo.

Quienes nos consideramos peronistas judíxs encontramos en la noción de pueblo sentidos fundamentales de nuestras vidas, de nuestra constitución como personas íntegras. El sentido de pertenencia, la entrega a nuestro pueblo y la inalienable responsabilidad que esto conlleva son características que llevamos marcadas a fuego.

Héctor Timerman supo de sufrimientos y pérdidas pero también de aprendizajes, construcciones y luchas colectivas y populares.

Se hizo cargo de cada una de ellas. Incluso en las contradicciones. Las propias y las ajenas. Desde cada lugar que ocupó.

No sé si hace falta enumerar sus valiosos aportes para las reivindicaciones más urgentes de nuestra soberanía nacional. Pero estuvo poniéndole el cuerpo a todas y cada una de ellas, en cuanto foro internacional se habilitase a tal fin. Y por eso, al judío de mierda, deberíamos agradecerle hasta el cansancio.

Ningún imbécil ni ninguna bruta hizo ni la mitad por la Argentina de la que tanto se llenan la boca. Así que sería sabio que la cierren.

Por otro lado, el kadish enseña profundas lecciones sobre la vida y la muerte, y sobre todo, sobre la conquista del mal.

La grieta. De un lado el bien, del otro el mal. De una lado la vida, del otro la muerte. De un lado nosotros y nosotras, del otro ellos y ellas.

A mí me enseñaron (¿O yo aprendí?), que para ser una buena judía tenía que ser buena, generosa, razonable, respetar a mis mayores y ser humilde. Y todas estas cualidades aplican a Héctor Timerman.

Ser judío no es la DAIA. La DAIA es esa institución que la gente que odia a los judíos nombra para no quedar mal.
Ser judío no tiene que ver con una institución decrépita llena de personas que el único valor que tienen es arrodillarse ante el poder, aunque sean sus verdugos. Timerman no se arrodilló.
Timerman declaró contra Von Vernich para defender a su padre torturado.
Timerman denunció a quienes saquearon a su patria.
Timerman entregó su salud hasta el último día persiguiendo Justicia mientras la justicia lo perseguía.

Héctor Timerman nos dio, como compañero, como judío, como peronista, una lección sobre cómo se conquista al mal.

Y hoy, en nuestro duelo, elevamos esta plegaria en su honor. Z’’L.

En su bendita memoria.

* Por SALOMÉ GRUNBLATT

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