El Puchero
Como si lo frío fuera caliente
26 de noviembre de 2018
La imprevisibilidad tomó por asalto la vida de todos y todas y atormentó familias desde el norte al sur y desde el este al oeste. Todo lo que suponíamos que estaba bien, de repente estuvo mal y lo que estaba mal se convirtió en status quo. El gobierno que nos gobierna y que votamos no una, sino dos veces, destruyó por completo al sentido común, como si de un día para el otro lo frío fuera caliente.

Dejamos de saber que durante la semana podíamos mirar partidos de primera, de segunda y de tercera, por volver a mirar las tribunas amargadas de una única parcialidad que se toma la cabeza o insulta mirando a algo que no vemos.

Dejamos de tener la posibilidad de irnos de vacaciones y la cambiamos por la incertidumbre de no saber si vamos a tener trabajo el año que viene.

Dejamos de tener la certeza de dos aumentos anuales por un aumento por año con una inflación galopante que hace que el aumento sea un caramelo y medio alfajor (con suerte).

Dejamos atrás la posibilidad de saber que el Estado nos defendía cuando un policía nos pegaba, un jefe nos maltrataba o un gendarme nos asesinaba y la cambiamos por temerle a la policía aún cuando jamás cometimos ni cometeríamos un ilícito más allá del de ser libres, y lo cambiamos por un jefe que nos rebaja el sueldo pero nos quedamos y por gendarmes asesinos que tiran a matar balazos en la nuca, espalda y nalgas.

Cambiamos, finalmente, el criterio del sentido común, de lo bueno por lo malo.

E incluso perdimos la certidumbre de lo esencial: así como sabemos que el 24 es navidad, deberíamos tener hoy, lunes 26, un campeón de la Libertadores. ¿Acaso es tan importante el fútbol?

Para nada. No para nosotros y nosotras.

Pero sí para el pueblo.

Y definitivamente sí para el presidente: como dice DB "El Constructor", el presidente asume bajo la luz de la jactancia de ser un señor del fútbol, un lord en su agua favorita. Pero no puede resolver un partidito simple, no puede controlar al Jefe de Gobierno que es de él, no puede hacer que el presidente de su club no le haga pasar un papelón y no puede controlar a su policía, su gendarmería ni a su gente. Fracasa nuevamente, el señor presidente.

Pero no debería sorprendernos.

Como no nos sorprende que su programa económico fracase.

Como no nos sorprende que la situación social esté al borde de la explosión.

Como no nos sorprende nada porque el Hombre Viejo es quien gobierna.

Como no nos sorprenden los ríos de sangre y la xenofobia reinante.

Como si lo frío fuera caliente.

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