ANALISIS
La Grieta Carioca
18 de abril de 2016

Turbulencias de todo tipo azotan Latinoamérica.
Desde un terremoto en Ecuador que dejo casi 300 muertos, pasando por el restablecimiento de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, hasta llegar al país vecino de Brasil que por estas horas está sufriendo la ante sala de lo que promete ser el próximo golpe de estado blando en la región.
Y decimos “el próximo” porque en la historia reciente tenemos el caso de Honduras en 2009 en dónde la Corte Suprema de ese país intento frenar una elección a pesar de los esfuerzos del entonces Presidente Zelaya quien finalmente terminó depuesto. También tenemos el caso de Paraguay en 2012, que además se asemeja mucho en la metodología utilizada hoy en Brasil, en dónde el Parlamento derrocó en tan solo 48 hs. al Presidente Lugo.
También hubieron varios intentos de golpes de estado como por ejemplo el acuartelamiento de las fuerzas policiales en Ecuador que mantuvieron cautivo por una jornada entera al Presidente Correa, o los permanentes y extremadamente crueles ataques mediáticos a Evo Morales en Bolivia. Y también hay politólogos que plantean que la muerte de Nisman era la piedra fundacional de un intento de golpe a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien supo sobreponerse a la situación, quizás ayudada por su gran expertise en la causa Amia debido a su activa participación como legisladora en la comisión investigadora en los años posteriores al atentado.
Lo cierto es que en el país que fue sede del último Mundial de Futbol han avanzado a pasos agigantados en las últimas horas. La Cámara de Diputados aprobó el inicio del juicio político a Dilma Rousseff consiguiendo la mayoría calificada de 2/3 de los votos de la totalidad de la Cámara, lo que implica que ahora será el turno de la Cámara de Senadores. Aquí, el trámite resulta mucho más simple dado que el Supremo Tribunal Federal estableció que con tan solo la mitad más uno (es decir 41 de los 81 senadores) se podrá apartar a Dilma de su cargo de Presidenta por 6 meses. En este interregno previsto para el juicio político, asumirá el Vicepresidente Michel Temer; una suerte de Cobos brasilero que llego al cargo de la mano de Dilma pero ahora que tiene la oportunidad de acceder a la primera magistratura se convirtió en un acérrimo opositor.
La sesión en Diputados, a pesar del matiz épico que quisieron darle los opositores a Dilma, no fue más que un testimonio para la posteridad del odio enquistado hacia los sectores populares de ciertas elites políticas que plantan mojones en los parlamentos y toman estos cursos de acción cuando los pueblos construyen poder popular. Con carteles irónicos y sobradores que rezaban “Chau querida” se presentaron frente al micrófono los opositores a Rousseff para justificar su voto. El ejemplo más emblemático y que habla por sí solo, es el del diputado de extrema derecha Jair Bolsonaro quién dedicó su voto al torturador de Dilma Rousseff y afirmó que “perdieron en el ’64 y pierden ahora” en alusión al último golpe de Estado en Brasil en 1964.
{youtube}jGrRW66qzs0|600|450{/youtube}
    
Lo que amerita un profundo análisis y reflexión por parte de las tan vigentes derechas latinoamericanas son los cargos por los cuales se imputan a los líderes populares. Casi como un espejo de la situación argentina actual en donde a la ex Presidenta Kirchner se la imputa porque su equipo económico generó un instrumento financiero como el “dólar futuro” para contener el tipo de cambio, que equivocada o no, no deja de ser una medida de gobierno en las facultades del directorio del Banco Central como hacedores de política monetaria; a Dilma también se la acusa por tomar una medida de gobierno.
La acusación contra la Presidenta de Brasil reside en que la cuenta corriente estatal del 2014 tuvo más gastos de aquellos presupuestados, y para sostener el déficit, tomó deuda. Lo mismo que está haciendo Macri en este momento: tomar deuda; con la diferencia que en vez de tener como destino un puñado de buitres foráneos, en el caso brasilero el destino de los fondos fueron obras de infraestructura en el marco de compromisos internacionales asumidos que no eran ni más ni menos que la organización del Mundial de Futbol.
Así, vemos que atrás de una orquestación mediática casi hollywoodense en donde se lanzan acusaciones de corrupción, los hechos concretos son que a los líderes populares que han accedido a sus cargos mediante el voto democrático, los imputan por GOBERNAR. 
Y en las calles brasileras, abundan las manifestaciones a favor de Dilma y en contra también. Claro que unos resultan más violentos que los otros. Pero eso lo dejamos para el análisis de nuestros lectores.
{youtube}i6dUT4yXXQo|600|450{/youtube}

Comentarios