ANALISIS
Hubo un tiempo que fue hermoso
7 de agosto de 2018
Y fuimos libres de verdad: en ese entonces cuando se proponía algo como país, como Estado, como nación, desde el ejecutivo, desde el país, desde "el gobierno", era porque creían en eso y no porque proponían una falsa apertura que en realidad es para la galería, por un enquiste con el Papa y para jugar a un populismo de derechas que termina desembocando, como toda la derecha, en violencia a cucharadas y populismo a migajas.

El señor excelentísimo nuestropresidente de todos y todos aplastó a sus ideales y a los de el 78% de su gobierno proponiendo debatir el aborto: lo hizo para molestar al Vaticano, para enfrentarse con el pasado de una Cristina que no tuvo el momentum para proponerlo (además de no creer, al menos en su momento, en el aborto como política de estado), y para hacer de cuenta que tenía algo bueno además de tener buenos empleados. Por eso, con su propuesta, rápidas y furiosas desde el movimiento de mujeres salieron a marcarle la cancha a Mister Machirulo y el Gobierno que gobierna como el Cuco. Le llenaron la calle de dedos, le inundaron de votos a favor la cámara, le demolieron los argumentos televisivos llevando incluso al paroxismo de lo patético al insufrible Jorge Rial y su avergonzante actitud de ponerse el pañuelo verde: pañuelo que le quedaba más forzado que al fenicio de Daniel Lipovetzky. ¿Acaso fueron los únicos que en este recorrido dieron muestras de patetismo forzando un pañuelazo? Desde luego que no, en todo el arco político hubo sobradas muestras de exageración ciudadana, de actuación frente a cámaras, de discursos potentes y sinceros de "no pero sí" y mucho "sí" que escondía un "no" grande como una casa con tres pinos pero nos haremos los boludos. Y las boludas.

Pero la ley avanzaba al menos hasta la mitad: se aprobaba el "ab" de "aborto" y la otra parte todavía tenía que ser votada y sería votada como sonaba. O no.

SOMOS LO QUE TEMBLAMOS. 

En el senado no se entiende el menú, pero la salsa abunda: unos y otros, otras y unas que dicen que sí, que no, que caiga un chaparrón, y votos empiezan a acomodarse en el aire en el mismo momento que se tendría que votar por entrar o no entrar a la casa de Cristina a ver si tiene al cadáver de John Fitzgerald Kennedy en una pared de doble fondo, doble fondo como tienen, probada y comprobadamente, en las oficinas de la pandilla adeudante de escrúpulos que está llevando a este país directamente a la ruina, tal y como podemos afirmar en esta nota patética escrita por servicios de inteligencia: click aquí. 

Dicen, pero no lo creemos y hasta lo negamos, que el senado tiene razones que la propia razón nunca entenderá: desde amenazas de prisión, carpetazos con violencia gráfica, fotos y videos, hasta dinero fresco contante y sonante, escruchantes de cerebros y paladares agujereados que hunden allí sus jugosas piezas de un ajedrez de carne que invoca a demonios y ningún santo, en ese rincón donde la política pasa a evaluarse en cuánto: cuántos años en cana, cuánta plata hay y cuántos contratos me vas a dar un día.

Entonces la oscuridad de una habitación en cualquier provincia de una niña que puede ser niña o haberlo sido llorando con el vientre desguasado esperando morir o apenas vivir para recordar el terror de unas manos sucias que se tapaban la boca buscando el silencio cómplice o cuánto (cuántos años, cuánta plata, cuánta posibilidad de vivir) pasa a un segundo plano. El por qué de cada quién fue seleccionado en la pileta genética para ocupar una banca en la alta política (en realidad un circo romano que no tiene nada de romano y en el que se arrancan los ojos unos a otras por un pedazo de sábana de seda), pasa a un tercer plano. En el cuarto plano, destrozando a la cuarta pared puesto que somos convidados de piedra en una película que juega a policías y ladrones versus ladrones policías y policías ladrones, jueces más paupérrimos que Codesal se revuelven en sus propios pañales para adultos, pañales que nadie sabe que usan, y todo vuelve a girar: ahora sí, podemos sonreír, respirar, coimear, dar una nota en la tele, participar de paneles, cortarnos el pelito cuchicurucuchito, usar camisitas abiertas con pectorales depilados, hacernos un toquecito en las cejas para quedar siempre como sorprendidos, vivir la vida loca, mucha secretaria en tanga sucia con pollera corta, mucho buche trucho choto pecho mocho chocho con el nuevo sueldazo y entró ahí, por primera vez en su vida, a un Congreso sin ni siquiera saber el reglamento, comandado por fuerzas que hablan otros idiomas, que pegan en el cuerpo para que no se note con fierros de goma y que qué le hace un aborto más al tigre si el tigre en este caso, es la muchacha que limpia en la estancia "Los Peludos", diputada de acá, senador de allá, disculpe buen señor, no sé contar, no conozco a un ser humano que no sepa ladrar, no, no no, no sé bien dónde queda el cielo, ¡Por Dios! Dejenme salir de aquí que me siento algo encerrado en este baño con dos caballos y una botella de whisky, he pagado mi entrada para ser y no hacer, soy político, acaso mi plata no vale, cuánto vale mi plata, cuánto vales vos, cuánto valgo yo, al menos si usaron todo el papel higiénico, avísenme así traigo medias, pero no, no me pidan votar aborto, abortar votos, abortá votos, votá aborto, no tengo idea ni de lo que soy, como para pensar si tengo que votar algo, no me jodan, no sé, esto es muy incómodo, tic tac efímero, ¡QUE ALGUIEN POR FAVOR PRENDA LA LUZ!

¿Votar bien es posible? 

¿Bien para qué?

Haz el mal sin mirar a quién: dedicate a la política en tiempos de miseria neoliberal y vas a terminar de candidato con candadito puesto, un montón de palos en la guantera y el fierro en la caja fuerte. 

Este cronista se asqueó. 


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